FUNDACIÓN EDUCATIVA

CARLOS M. CASTAÑEDA 






Vida y obra de Carlos M. Castañeda

por Andrés Candelario

Presentación ante el Centro para la Libertad de Prensa de Puerto Rico, Universidad del Sagrado Corazón, septiembre 10 de 2009

Sabiendo de antemano la imposibilidad de recoger con justicia en unas pocas líneas, la andadura vital de ese gran periodista cubano que fue Carlos Castañeda, acepté la generosa invitación de hacer esta reseña de parte de su viuda y querida amiga Lillian Castañeda, como una forma de agradecimiento póstumo, a quien, con su ejecutoria como periodista, puso tan en alto  al exilio cubano, no sólo ante el pueblo puertorriqueño, desde las páginas deslumbrantes  de El Nuevo Día, sino ante todo el Continente Americano.

Así, sólo señalaremos muy sucintamente los aspectos más importantes de su larga carrera, deteniéndonos brevemente en su trabajo en pro de la libertad de prensa en Cuba, su apoyo a la prensa cubana independiente y su denuncia de la censura al pensamiento libre, perpetrada por el régimen cubano, denuncia que mantuvo hasta el sorpresivo y prematuro final de su vida en tierras de Portugal   en el año 2002.

Nada más apropiado para esta ocasión que abrir la presentación de esta noche con las propias palabras de Castañeda, extraídas  de una conferencia dictada aquí en San Juan en el 1997, acerca de lo que a su juicio es “ser periodista”, y que nos permite asomarnos brevemente, a su concepción de esta profesión y sus exigencias, de todo lo cual fue ejemplo vivo el propio Castañeda como periodista.

El texto de esta conferencia aparece en el libro  Ser periodista (La vida y legado de Carlos M. Castañeda), publicado por la Fundación Educativa Carlos M. Castañeda que ofrecemos para ustedes esta noche y que recomendamos  sin reservas.

Decía Castañeda en esa ocasión, y cito:

“Ser periodista exige tener un sentido de misión. Decía un pensador cubano del siglo XIX: “El periodismo, más que una profesión, es un sacerdocio”. Hay que verlo, afirmaba Castañeda, como una vocación de servicio al ideal democrático de la sociedad occidental, pues la función de escoger y tomar decisiones  que corresponde al ciudadano en una sociedad plural, está fundamentada en la información de que dispone, la información y el discernimiento de los hechos que le ofrece la Prensa. La misión de cuestionar, de servir de foro de ideas, de despertar la sensibilidad social, de contribuir a mejorar la convivencia en libertad. Una misión a realizarse con la altura de miras que corresponde a un sacerdote”. (Cierro la cita). Eso fue Carlos  Castañeda, un celoso sacerdote del periodismo.

Entre una serie de fotos de Castañeda, hechas a lo largo de su vida de periodista, que tuve la oportunidad de examinar para ilustrar esta presentación, hay una que me llamó poderosamente la atención: es un retrato al óleo, inconcluso, de Castañeda, realizado por el pintor puertorriqueño Francisco Rodón, autor de una serie de retratos de destacadas personalidades del mundo político y literario latinoamericano y del Caribe, entre ellos, el puertorriqueño Luis Muñoz Marín, el argentino Jorge Luis Borges, el mexicano Juan Rulfo y un largo etcétera. En esa foto aparece Pancho Rodón, pensativo y serio y tras él, el rostro casi terminado de nuestro Castañeda: la mirada penetrante y limpia, una sonrisa apenas apuntada y la expresión segura de quien mira hacia el futuro con optimismo y sabiduría.

El retrato inconcluso, comenzado años antes de su desaparición prematura, y nunca terminado, es el anuncio de su partida a destiempo del escenario de la vida, que no de la historia. Representa la gestión incompleta de quien, no obstante haber realizado una obra periodística gigantesca y de primer orden, a todo lo largo y ancho del Continente Americano y el Caribe por más de medio siglo, aguardaba aún el sueño acariciado durante sus cuatro décadas de exilio: reiniciar en una Cuba libre su último proyecto periodístico: fundar en su patria, con el jugo de todas sus experiencias, un medio periodístico que robusteciera la libertad de prensa y ayudara a la maltrecha isla a caminar de nuevo por el camino de la democracia y la libertad . No en balde, afirmaba el propio Castañeda, y cito:

“Hay un vínculo fundamental entre la libertad de prensa y la propia libertad del hombre. Cuando se limita o se coarta la libertad de prensa, está también limitándose  y coartándose  la libertad del hombre. De ahí que no puede existir una democracia genuina sin una prensa libre independiente” (Cierro la cita).

Ese fue el único sueño que no pudo convertir en realidad y que quedó incompleto, como el retrato inconcluso de Rodón.

Echemos un vistazo a su carrera periodística.

Cuando nos asomamos a los inicios de su carrera periodística, todavía un adolescente      de 14 años, no nos sorprende en absoluto el ascenso meteórico de su figura en el competido campo de las comunicaciones. Ya, antes de graduarse cono honores del Colegio de la Salle del Vedado, en la capital habanera, dirige la revista literaria de ese colegio y, como haría años más tarde con una veintena de periódicos y revistas de un extremo a otro del Continente Americano y del Caribe, la transformó de una publicación mimeografiada y sin presupuesto, a una revista impresa financiada con anuncios comerciales. ¿Quién se sorprende ahora de aquella primera gestión transformadora?

Una vez  graduado en la Escuela de Periodismo “Manuel Márquez Sterling”, de la Universidad de la Habana,  trabaja en Cuba para varios periódicos como redactor y reportero. Escribe reportajes para la revista Bohemia  --recordemos sus incisivos reportajes para la Sección en Cuba de dicha revista--. Es parte del panel de entrevistadores del programa “Ante la Prensa” en CMQ – Televisión, además es presentador de noticias de El Mundo en la Televisión y del Canal 12, ya a color en aquel momento.

Aprovechando su estadía en EE.UU.  en ocasión de realizar estudios post graduados en la Escuela de Periodismos de la Universidad de Missouri, con apenas unos 22 años de edad, realiza una serie de entrevistas a personajes del mundo de la política norteamericana, como al ex presidente Truman y al presidente Eisenhower. Es necesario decir que la publicación de esas entrevistas suscitaron la admiración del Director de la revista Bohemia, el Sr. Miguel Angel Quevedo, lo que le valió la entrada inmediata al cuerpo periodístico de tan importante publicación. Un año más tarde, en 1955, viaja a Europa como corresponsal de Bohemia y en Italia entrevista al famoso capo Lucky Luciano y a la glamoroso artista de cine Sofía Loren. En el 57, a cinco años del golpe militar del “10 de marzo”, entrevista al depuesto  presidente Carlos Prío Socarrás.

En el 59, acabado de bajar de la Sierra, y todavía de camino hacia la Habana, Castro concede su primera entrevista a Bohemia que se da en la ciudad de Holguín a donde se traslada Castañeda, junto al periodista norteamericano Jules Dubois, para recoger esa primicia periodística. A mediados del 60 entrevista, también para Bohemia, al fatídico “Che” Guevara;  y ya, para agosto de ese año, convencido que se acababa en Cuba el periodismo libre, se exilia a Estados Unidos y en la ciudad de New York, junto a Quevedo y un grupo de periodistas que también se exilian, fundan “Bohemia Libre”, de la que fue subdirector.

Más tarde, en el 1965, trabaja en la revista “Life en Español”, de la que también fue subdirector, y donde realiza importantes reportajes.

En el 1970 se traslada a Puerto Rico, aceptando el reto de transformar un viejo periódico de la ciudad de Ponce, en un diario completamente nuevo de circulación general. Se convierte así en el creador y primer director de El Nuevo Día. Allí, Castañeda pone en práctica sus ideas innovadoras marcando un nuevo rumbo al periodismo puertorriqueño y Continental.

Entre el 1998 y el 2001, Es Editor y Director del periódico El Nuevo Herald en Miami, al que logra cambiarle la imagen en pocos meses y convertirlo en el periódico más rentable de la Cadena Knight Ridder.

A lo largo de su carrera, Castañeda sirve como asesor de contenido editorial y diseño para más de 20 diarios y revistas en América Latina, lo que le ganó entre sus colegas  el sobrenombre de  “médico de los periódicos”. Además, comparte sus conocimientos como conferenciante ante numerosas asociaciones periodísticas profesionales en el ámbito internacional y en Universidades en ambos hemisferios.

Premios recibidos.

En el camino de su andadura periodística, Castañeda recibió  múltiples reconocimientos de las organizaciones representativas del mundo de las comunicaciones, tanto en su patria como en el exilio.

Todavía en Cuba, recibió en dos ocasiones ---en el 56 y el 59---el Premio Nacional de Periodismo “Juan Gualberto Gómez”.

En Puerto Rico, mientras dirigía El Nuevo Día,  fue premiado seis veces  por la Society News Paper Design.

En el 2001, mientras dirigía el Nuevo Herald, recibió el  “Premio Ortega y Gasset” concedido por el diario madrileño El País.

Denuncia temprana de la traición de Castro.

(Síntesis de un reportaje de Carlos Castañeda en “Bohemia Libre”, publicado en octubre de 1960)

Cundo todavía muchos cubanos tenían la esperanza de revertir de alguna manera la orientación francamente comunista que tomaba la revolución, incluyendo  acciones armadas ---no olvidemos desembarcos armados como el ocurrido en Bahía de Cochinos en 1961, alzamientos guerrilleros como los que se produjeron en la Sierra del Escambray, al centro de la isla, entre 1961 y 1965, a más de conspiraciones militares y sabotajes de todo tipo---;. cuando todavía la mayoría del pueblo cubano hervía de entusiasmo en las concentraciones multitudinarias en la Plaza de la Revolución, este joven periodista  había husmeado ya en las entrañas del proyecto castrista y tan temprano como en agosto del 60, había marchado hacia el exilio a denunciar ante América y el mundo la traición del jefe guerrillero.

Desde las páginas de “Bohemia Libre”, Castañeda se dedica a desenmascarar el proyecto castrista de implantación de un régimen comunista desde el espacio de la revolución triunfante. En un reportaje  publicado el 16 de octubre de 1960 en dicha revista, a sólo dos meses de arribar al exilio newyorkino, titulado “Cuba bajo la estrella roja”, Castañeda expone con lujo de detalles los antecedentes y el trasfondo de la conspiración comunista al interior del proceso revolucionario.

Considero esto reportaje iluminador como uno de los primeros  documentos donde se expone claramente la maquinación marxista-castrista que, para Castañeda, comienza en las celdas de Isla de Pino, entre los condenados por el asalto al Cuartel Moncada y se consolida en México, durante la etapa de preparación de la expedición del “Granma”.

Plantea Castañeda en este trabajo que la muerte de Frank País, Coordinador del “Movimiento 26 de julio” en Santiago de Cuba el 30 de julio de 1957 , a manos de la policía batistiana, en circunstancias no muy claras que envolvieron  sospechosas actuaciones de Vilma Espín, más tarde esposa de Raúl Castro, el liderato del “Movimiento 26 de julio” quedó totalmente en las manos del caudillismo militarista que imperaba en la Sierra Maestra.

A partir de ese momento, afirma Castañeda en este reportaje, comenzaron en la Sierra los contactos con el Partido Comunista.

Mientras Castro, después de la huida de Batista y el triunfo de las fuerzas revolucionarias, por un lado, aseguraba públicamente que la revolución cubana era “tan verde como las palmas” y la encarnación de una especie de “Humanismo revolucionario” ---plantea Castañeda--- , se montaba por otro lado la organización del aparato que serviría para implantar el sistema comunista en la isla: la infiltración de la educación y la cultura, el socavamiento de la economía liberal y el auge de la presencia roja en las fuerzas armadas.

Paso a paso, en ese reportaje, Castañeda  explica cómo el “Che” Guevara, desde la presidencia del Banco Nacional de Cuba, desbarataba la iniciativa privada y asumía el control de los negocios, mientras el país se inundaba de propaganda comunista venida de Praga, Peiping y Moscú a través de México o directamente a la Habana, conjuntamente con oleadas de mentores y espías disfrazados de técnicos.

En ese reportaje Castañeda denuncia el terror y el adoctrinamiento como las dos vías que están siendo utilizadas para imponer, tanto en el campo como en la ciudad, la ideología marxista-leninista.

Quizás en lo único que se equivocó Castañeda en ese reportaje ---porque en el 1960 nadie podía prever que 30 años más tarde, la Unión Soviética desaparecería y que el llamado “socialismo real”  pasaría a ser un mal recuerdo en la historia de la humanidad---  fue cuando afirmó que el dictador caribeño aspiraba a que lo enterraran algún día lejano en la Plaza Roja de Moscú, junto a las momias de Lenin y Stalin; no porque Castro no se creyera inmortal (que todavía se lo cree), sino que, por suerte, hoy esas momias sólo atraen la curiosidad morbosa del turismo internacional

Carlos Castañeda , la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y la Prensa Cubana Independiente.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), es la asociación de editores, directores de diarios, periódicos y agencias informativas de América. Fue creada en la Habana en el 1943, como resultado de la Comisión Permanente del 2do. Congreso Panamericano de Periodistas, llevado a cabo en la ciudad de México en 1942.

La Comisión de Libertad de Prensa e Información es la piedra angular de la SIP. Esta Comisión monitorea de manera continua todas las violaciones de libertad de prensa en el hemisferio Occidental. Cada país tiene un vicepresidente regional que informa a la comisión acerca de problemas y situaciones que afectan a la libertad de prensa en ese país.

Por algunos años, Carlos Castañeda, en compañía del periodista independiente y fundador de la primera agencia de prensa independiente dentro de Cuba, Raúl Rivero, hoy exilado en España, después de ser encarcelado durante la llamada “Primavera Negra” de 2003, representaron a Cuba en esa comisión.

Su tarea consistía en informar en esta oficina cada vez que ocurrían violaciones a la libertad de prensa, según tenía información directa de los periodistas independientes de dentro de la isla u otras informaciones indirectas que él considerara relevantes.

Desde el mismo comienzo del surgimiento del periodismo independiente en Cuba a principio de los años 90, Castañeda apoyó la gestión del desarrollo de la prensa alternativa cubana desde sus posiciones en la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Junto al uruguayo Danilo Arbilla y el cubano asentado en Costa Rica Eduardo Iribarri, ambos directores de periódicos, conformaron a partir de 1995, un informe anual sobre el desarrollo, represión y encarcelamiento de periodistas independientes en Cuba. Así se creó una especie de tradición: la denuncia sistemática del hostigamiento a los periodistas independientes y la falta de libertad de expresión en la isla, así como el bloqueo informativo ejercido por la dictadura.

Carlos Castañeda ---quien hasta su muerte fue  vice presidente honorario de la SIP---  tuvo también una ejecutoria importante en el desarrollo de la prensa independiente cubana, a partir de su nombramiento en el 1998 como Editor y Director del diario miamense El Nuevo Herald. Para el periodismo independiente cubano, según una nota enviada desde Madrid por el propio Raúl Rivero, la presencia de Castañeda fue muy importante, porque era  un profesional de raza comprometido con la libertad de nuestro pueblo y un gran conocedor de la realidad cubana.

Su apoyo  desde El Nuevo Herald, sigue diciendo Rivero en la mencionada nota, le abrió las puertas de par en par  a las noticias de la oposición pacífica y fue un importante espacio para el periodismo independiente. Lo admiraba, subraya Rivero,  antes de cruzar con él la primera palabra, porque sabía su trayectoria en la revista Bohemia. En lo personal, afirma Raúl Rivero, fue  muy importante recibir su respaldo, su estímulo y su ánimo, que no le  faltó en ningún momento. Rivero termina la nota diciendo que cuando  hagamos la primera edición de un diario libre en la Habana, su nombre no puede faltar en la primera plana de ese día.

Desde esa posición, no sólo continuó recogiendo información de la prensa cubana independiente, sino que creó un fondo de ayuda económica de 500 dólares mensuales para ayudar a los periodistas independientes, enviado a través de la revista Carta de Cuba que muchos aquí conocen, pues surge y se mantiene desde Puerto Rico, bajo la dirección del escritor y periodista cubano Carlos Franqui.

Ahora que menciono a Carta de Cuba, debo decir que fue Castañeda quien propuso a El Nuevo Día y El Nuevo Día aceptó, publicar en ese periódico una columna de noticias sobre Cuba y recibir por ello una compensación económica para ayudar a los periodistas independientes que desde Cuba, colaboran con dicha revista.

Ante nosotros, pues, el genio periodístico que pasó por el escenario de las comunicaciones como un visionario, como una especie de mago  que con el toque de su vara creativa transformaba los periódicos y revistas que tocaba, así como transformaba y contagiaba con su chispeante  entusiasmo a todos  los que tuvieron el privilegio de experimentar junto a él, el fuego y la pasión por el periodismo en todas sus facetas y manifestaciones.

Ante nosotros, el hombre de familia, el padre cariñoso, el esposo fiel y transparente que tuvo la valentía de decirle a su Lillian cuando le propuso matrimonio, si estaba dispuesta a ser su segunda pasión, porque la primera pasión siempre  sería el periodismo.

Ante nosotros también el desterrado ejemplar, que, en medio de una carrera profesional llena de triunfos, a lo largo de cuatro décadas de exilio, jamás olvidó de dónde venía, ni del compromiso que tenía con su pueblo, aplastado por una dictadura atroz, de procurar seguir siendo su voz mediática, en medio del silencio cómplice de una prensa internacional generalmente indiferente a la tragedia cubana.

¿Su último rol? ¿Su última tarea en el amplio escenario del futuro?:  servir de modelo a seguir, tanto en el competido campo del periodismo, como en el difícil y complejo escenario del compromiso patriótico.

De su proyección profesional en el mundo periodístico se encarga, entre otros medios, la “Fundación Carlos M. Castañeda”, establecida desde el 2004. Su misión es continuar promoviendo, como lo hizo Castañeda en vida, un periodismo de excelencia. La Fundación ofrece una beca anual desde el 2006 a un o una estudiante hispanohablante para proseguir estudios de periodismo a nivel graduado, en una Universidad acreditada de Estados Unidos. Así mismo, publicó un valioso libro titulado “Vida y legado de Carlos Castañeda”, que ofrecemos a ustedes, para los que quieran asomarse a la apasionante vida de este ser humano extraordinario.

La otra tarea, la de proyectar su andadura patriótica y el compromiso que siempre tuvo con la libertad de prensa en Cuba y con el periodismo cubano independiente, esa, nos corresponde a nosotros.

Hoy, después de medio siglo de opresión y mordaza, en vísperas de cambios que de una forma u otra se darán, más tarde o más temprano, es indispensable que mantengamos vivo el apoyo a esos bravos periodistas independientes que en Cuba se juegan día a día su seguridad y su libertad, en su esfuerzo de presentar al mundo la otra cara de la revolución cubana.

Mantengamos vivo el legado patriótico de Castañeda ayudando al sostenimiento de la prensa cubana independiente a través de medios como la revista Carta de Cuba . Colaboremos a preparar al pueblo cubano para el disfrute del pensamiento sin censura y la palabra libre, como quería Cstañeda.  Eso hemos intentado hacer esta noche.