FUNDACIÓN EDUCATIVA

CARLOS M. CASTAÑEDA 

Entre los papeles de Castañeda fue hallado este borrador de editorial escrito el 2 de abril de 1997, que  somete para la consideración y discusión con el editor del periódico. Trata sobre una situación que considera una "amenaza preocupante" y un "atentado flagrante contra la libertad de expresión."


Una amenaza preocupante


La libertad de expresión y de prensa constituyen las manifestaciones más vigorosas de los principios de libertad y demoracia en que se asienta la sociedad puertorriqueña.  La libertad de expresión alimenta la dinámica ciudadana a manifestar lo que piensa, a adoptar posturas en la sociedad, a demandar ser oído, a exigir participación en las decisiones del estado.  Solamente es posible mantener una sociedad democrática si prevalecen la libre expresión y el debate de ideas, la búsqueda y difusión de la información, el derecho a cuestionar y a discrepar.  La libertad de expresión es un derecho fundamental del hombre.


Por considerar que esa libertad de opinar es el basamento del concepto pluralista que alienta a la sociedad democrática, es que este periódico expresa hoy su preocupación por las amenazas y coacciones a que en las últimas semanas se ha visto sometido un columnista de ese diario.  Mayor es la preocupación cuando el proceso de intimidación parte de abogados y funcionarios judiciales que deben saber que este columnista, abogado de profesión, está solamente ejerciendo derechos garantizados por la Constitución de Puerto Rico y por la primera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.


Amenazar con aplicar sanciones éticas y disciplinarias profesionales a un abogado en funciones de columnista, por opiniones expresadas en términos generalizados, fuera del foro judicial, en las páginas de este diario, resulta un atentado flagrante contra la libre expresión.  Quiere penalizársele en la práctica de abogado, a un profesional que desde hace nueve años rinde labores de columnista en este periódico.  Parecería que se pretende silenciar su voz crítica.  En la democracia puertorriqueña nadie, incluída la Prensa, puede aspirar a no estar sujeto al escrutinio y al juicio público.  Mucho menos, el Poder Judicial al que corresponde velar por la integridad de esos principios, aún cuando el libre ejercicio de la libertad de expresión resulte crítico a los jueces: así se distingue la democracia puertorriqueña de los totalitarismos caducos, ya sea el capitalismo-leninismo de Beijing o el fidelismo de La Habana.


El momento no es para debates estériles ni para pugnas que sirvan para agitar descoloridas banderas ideológicas.  Puerto Rico necesita cerrar filas en los momentos cruciales que se avecinan.  La decisión del destino y el bienestar económico de los puertorriqueños, cara al nuevo milenio, exige el esfuerzo de sus mejores hijos por sobre las mezquindades y los viejos agravios partidistas.

     

Editorial publicado en El Nuevo Día el 25 de marzo de 1983 luego de que el Partido Nuevo Progresista declarara “non grato” al periodista Manny Suárez y solicitara del periódico The San Juan Star que no lo asignara a cubrir informaciones en las oficinas de la colectividad.​
                                   

                                      Coacción intolerable

No es práctica recomendable para los políticos declarar personas “non grata” a los periodistas. Recuérdese que los políticos tienen su momento y en su día pasan a la historia, y los periodistas quedan como narradores de la historia de todos los días. Pero esta vieja verdad parece olvidarse con frecuencia, en Puerto Rico y fuera de Puerto Rico, por los profesionales de la política.

         La carta enviada por el secretario del Partido Nuevo Progresista al director de The San Juan Star – y hecha suya por el Gobernador en su condición de presidente de esa colectividad – solicitando que no se asigne a un determinado periodista para informar sobre las noticias de ese partido, constituye la restitución de un procedimiento que creíamos superado entre nosotros. Mandar carta o hacer llamadas por teléfonos para impugnar periodistas, por parte de autoridades o políticos es una forma de coacción inadmisible dentro del concepto democrático puertorriqueño. Por eso, se repudió en el pasado, y resulta repugnante en el presente.

         Si el periodista tachado observó una conducta improcedente, formúlese cargos – si los hay – conforme a la ley; si abusó de una confianza dispensada, téngasele menos confianza. Pero no quiera justificarse la negligencia de un funcionario al dejar a la vista del periodista documentos de cierta confidencialidad, pretendiéndose limitar las funciones de un informador público.

         Ya es hora, dentro de la madurez de nuestra democracia, que gobernantes y políticos comprendan la función de fiscalizador público que corresponde a la Prensa en una sociedad libre: pretender tachar periodistas en forma antojadiza, manipular a los periodistas a conveniencia, o convertirlos en chivos expiatorios, es expresión del desconocimiento del papel que corresponde a unos y otros.

 

11 de octubre de 2002 (CMC fallece el 10 de octubre de 2002)                                   


                                        Titán de la prensa libre
Por Agnes J. Montano (El Nuevo Día)

Según caían dictaduras en América Latina, Carlos Castañeda, fue llamado a edificar líneas de defensa a la libertad de prensa mediante el desarrollo y mejoramiento de diarios a los que impartió su singular destreza para saber elegir la noticia y destacarla.

Editores de algunos de los más de 20 periódicos y revistas a los que Castañeda sirvió de consultor en América Latina desde la década de los 70, y otros que hermanó en amistad, destacaron cómo su sagacidad para intuir lo que el público quería leer, su pleno conocimiento de los elementos de diseño para colocar y destacar la noticia, sumado a una férrea defensa de la libertad de prensa lo convirtieron en el más influyente de su tiempo.

 "Ayudó a crear decenas de periódicos en América Latina. A medida que caían dictaduras, periódicos en países democráticos solicitaban su ayuda y consejos. Se convirtió en uno de los periodistas más influyentes en el hemisferio", dijo Alberto Ibargüen, presidente del Miami Herald Publishing Co, que publica el Miami Herald y El Nuevo Herald.

"Quiso a Puerto Rico como si hubiese sido puertorriqueño. Quiso a Miami como un padre que ha visto crecer a un hijo extraordinario. Pero murió sin lograr su sueño de poner un periódico independiente en su Cuba natal, la Cuba de un futuro brillante y libre", lamentó Ibarguen.

ROBERTO EISENMAN, presidente de la Junta de Directores del diario La Prensa en Panamá lo describió como "el mejor director de periódico que produjo este continente".

"Él sabía de la parte editorial, era universal en sus conceptos y conocía el mecanismo industrial y comercial de un periódico… estaba redondeado en todas las áreas, nunca conocí a alguien así en todas mis andanzas, que fueron muchas", indicó Eisenman.

El panameño recordó que cuando se dio a la tarea de crear La Prensa durante la dictadura de Omar Torrijos preguntó quién era el mejor diseñador de diarios y le dieron el nombre de Castañeda.

 "Me monté en un avión (a Puerto Rico) y le toqué en la puerta. Cuando le expliqué mis intenciones me preguntó '¿sabe el lío en que se está metiendo'? A partir de ese momento Castañeda se convirtió en un pilar del periódico panameño.

 Muchos de los talleres que Castañeda ofreció fueron a través de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), organización con la que comenzó a colaborar desde la década del 50.

Ayer, su director ejecutivo, Julio Muñoz, destacó la labor de Castañeda como defensor de la libertad de prensa e instructor. "Tenía un ángel muy grande. Cuando enseñaba no era teórico, era práctico. Mostraba lo que sabía hacer, y enseñaba con sus gritos, expresiones, riéndose incluso de los defectos, sostuvo Muñoz. "Era un hombre muy especial, muy entregado, un santo de esa religión que se llama periodismo", añadió.

 En sus conferencias, recordó Muñoz, siempre hubo tres constantes: la alusión a la historia de éxito de El Nuevo Día; el destaque de la importancia de que detrás de una gran publicación tiene que haber un gran hombre, un gran periodista; y su acostumbrada frase de "a vestir el muñeco" en alusión al montaje diario de las noticias.

 "… tenía el instinto de saber elegir las noticias, las informaciones y las columnas de opinión, y la sabiduría de darles el rango tipográfico y el lugar adecuados. En eso precisamente consiste el talento de los grandes directores: intuir qué quiere leer el suscriptor y saber dónde quiere verlo colocado", manifestó el periodista cubano Carlos Alberto Montaner en una columna que escribió sobre el legado de Castañeda.

 

Castañeda presenta el informe sobre la ​

libertad de prensa en Cuba ante la SIP




Editorial de El Nuevo Día,11 de octubre de 2002

​​Adiós, Amigo

ESTE PERIODICO y Puerto Rico han perdido un baluarte de la defensa de las libertades ciudadanas. Hemos perdido un ser humano de incuestionable verticalidad y pasión por su profesión.

Es muy difícil definir a Carlos Castañeda. Su obra más bien lo define a él. Y gran parte de ella ha quedado plasmada en las páginas de este diario.

Por 32 años Castañeda estuvo vinculado a este periódico. Los primeros 20 como Director editorial y los últimos 12 como consultor y miembro de la Junta de Directores.

Castañeda fue un visionario. Cuando nos acercamos a él en 1970 buscábamos a alguien que pudiera darle una voz a una nueva generación de puertorriqueños que emergía junto a un Puerto Rico moderno y dinámico.

El fue el hombre responsable de que El Nuevo Día se convirtiera en la voz no sólo de una generación de puertorriqueños; sino de todos los puertorriqueños.

Insufló con su dinamismo nuevos aires en el periodismo puertorriqueño conjugando la agilidad gráfica y tipográfica, con el compromiso y urgencia de la palabra escrita. Abrió además nuevos talleres de trabajo para jóvenes periodistas a quienes acogió bajo su ala como sus discípulos.

Si bien El Nuevo Día irrumpió en el mercado como una alternativa, el olfato noticioso de Castañeda lo llevó a capturar y adueñarse de la noticia convirtiendo eventualmente a este diario en una necesidad de lectura para miles de puertorriqueños.

Sobre todo, Castañeda fue un verdadero paladín de la libertad de prensa, de expresión y de pensamiento. Abrió nuestras páginas a todas las ideas sin distinción política o de otra índole.

Luchó contra las mordazas de prensa que distintos Gobernadores solapadamente y no tan solapadamente trataron de imponer a los medios. Su misma existencia como persona y como periodista dependía de sus grandes ansias por todas las libertades e hizo de El Nuevo Día un foro para defenderlas.

Fue un hombre vertical y enamorado de su profesión. Contagiaba con su pasión y su fuerza saltaba a los colores, titulares y reportajes que por 20 años engalanaron nuestras páginas.

Carlitos, Don Carlos, Castañeda. Tu nombre permea nuestro diario y nuestra Redacción como el humo de tu tabaco. Fuiste maestro y sobre todo, hermano y amigo.


Descansa en paz.

CMC y la libertad de prensa

Carlos M. Castañeda fue considerado un paladín de la libertad de prensa y los derechos humanos en el continente americano. Aquí presentamos algunos artículos y crónicas sobre el tema.

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La libertad de prensa, por Carlos M. Castañeda

     (Reproducimos un manuscrito inédito hallado entre sus papeles.)


No puede hablarse aisladamente de libertad de prensa. Hay un vínculo fundamental entre la liberad de prensa y la propia libertad del hombre. Cuando se limita o se coarta la libertad de prensa está también limitándose y coartándose la libertad del hombre. De ahí que no pueda existir una democracia genuina sin una prensa libre e independiente.

Al afirmar que no puede subsistir la democracia sin una prensa libre e independiente, hay que señalar que una democracia no puede principiar sin una participación activa de los ciudadanos en el proceso de la toma de decisiones, y para participar en ese proceso se hace necesario el libre flujo de ideas e informaciones, porque la verdad no es absoluta sino relativa, compleja y plural.

No quiere decirse que un periódico no pueda tener ideas propias o un punto de vista filosófico. “La objetividad periodística”, oí decir un día a Henry Luce, “es un mito” pues los periódicos están hechos por hombres con pasiones y opiniones. El pensamiento objeto, como señalaba el pensador danés Kierkgaard, significa pensar sin un pensador. Pero precisamente por tenerse ideas propias no hay que temer a las ideas ajenas, y de ahí la trascendencia que tiene el flujo de la información libre y el pluralismo de ideas de los periódicos con vistas al afianzamiento de la democracia.

La prensa nace en estado de esclavitud y súbitamente se torna en la vanguardia de la lucha del hombre por su libertad de pensar, de expresarse, de creer, de reunirse. El hombre necesita el oxígeno de la libertad para vivir con dignidad plena para no ser siervo de los absolutismos ayer y de los totalitarismos hoy, como lo vemos en estos momentos en el fascinante espectáculo de la liberación de Europa del Este.

Los primeros periódicos que se conocen en Europa como secuela de la revolución que plantea el tipo movible y la prensa de Gutenberg en 1448, son las gacetas venecianas. Pero esos periódicos y los que siguieron a partir del siglo XV estaban controlados por las clases regentes, como lo eran el Diario de Frankfurt y la Gazette de France, creada por el Cardenal Richelieu. El periódico moderno nace verdaderamente en Londres en el siglo XVII, con la prensa de vapor y por la inquietud de poetas y prosistas ingleses. Pero ya en 1644, con la aparición de la Areopagítica de John Milton y la publicación de panfletos suyos no autorizados es que se produce el enfrentamiento entre la libertad de prensa y el absolutismo del Estado. El razonamiento de Milton a favor de la libertad de prensa suscita la derogación de las licencias, que no eran más que limitaciones al pensamiento libre. A partir de 1644 todos los ingleses con acceso a una prensa o a papel y pluma podían publicar un periódico y defender el nuevo concepto social de la libertad de prensa. El rey Carlos I de Inglaterra accede en sus últimos cuatro años a reconocer la libertad de prensa, hasta que Cromwell lo decapita en 1649.

La angustiosa búsqueda de la verdad del filósofo John Locke que creía que nadie podía escribir algo que fuese verdad y que todo lo contrario no fuese cierto, influyó profundamente en el pensamiento de los Padres Fundadores de la Nación Norteamericana cuando redactaron la Constitución de 1789 donde se consagraba la libertad de prensa, y para reafirmarlo en su Primera Enmienda se advertía que “no podría hacerse ley alguna que limitara la libertad de prensa o expresión”. Aquí nacía el concepto moderno de la libertad de prensa.

No pretendían que la prensa dijera la verdad o fuese objetiva. Sabían de los prejuicios y de las pasiones humanas. Pero lo que pretendían era crear un “mercado de ideas”, en el que nadie tuviera el derecho a determinar cuáles ideas eran ciertas y cuáles no lo eran. El ciudadano, en última instancia, libremente habría de seleccionar en el mercado de ideas cuáles consideraba mejores para gobernarse.

“Las trincheras de ideas” de que hablara mi José Martí siempre han inquietado a quienes aspiran a controlar la búsqueda de la verdad, el pensamiento del hombre y el progreso del conocimiento. Quizás por ser la libertad de prensa la piedra angular de la estructura social de las libertades del hombre, la libertad de prensa sea vista con recelo. El pensador Alexis de Tocqueville admitía que “amaba la libertad de prensa más por los males que evitaba que por el bien que traía”. El celo revolucionario de Lenín descartó la libertad de prensa como un “concepto burgués” y concibió la prensa como “instrumento de propaganda y agitación al servicio del partido”. Todavía su discípulo Mijaíl Gorbachov en su “glasnot” concibe la liberalización de la prensa siempre que sirva para denostar a los adversarios de sus reformas, pero ya hace días advirtió que tenía sus límites. Aun en nuestras sociedades se oyen críticas al “libertinaje de la prensa” y se habla con un eufemismo consciente o inconsciente de “una prensa responsable” y de “una prensa objetiva”, pero desde luego, que convenga al pensar y al sentir de unos, que esté de acuerdo a los prejuicios de otros.

Como ayer con la prensa de Gutenberg, la libertad salió de las sombras y con la libertad de prensa se consolidó la democracia – a decir de Churchill – “el menos imperfecto de los sistemas de gobierno”, la tecnología moderna está dando el golpe de gracia a los oscurantismos totalitarios de fin de siglo. La quiebra de la economía planificada y el estatismo socializante que prohijan la ineficiencia y la ineptitud para beneficio de los menos; la interdependencia económica que exige de las naciones competir en el mercado libre, y el desarrollo de la informática con el milagro de la microficha abren una alentadora perspectiva para la libertad cara al siglo XXI. El ordenador personal hoy, como la prensa de Gutenberg en su día, produce la revolución de la información y da el tiro de gracia a las limitaciones autoritarias de las ideas. 

Vivimos en el ocaso de la mordaza y los totalitarismos. La tecnología, que como moderna palanca mueve al mundo, consolida la libertad de las ideas y de su foro por antonomasia la prensa libre, la gran forja de la sociedad democrática.