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LAS PALABRAS DE UN GRAN PERIODISTA
Por Héctor Feliciano
Reseña publicada en El Nuevo Día el 6 de marzo de 2007
Un primer paso hacia e reconocimmiento de la importancia de Carlos M. Castañeda en el diarismo puertorriqueño
La historia reciente del periodismo en Puerto Rico no se ha escrito aún. Cuando se escriba, sin embargo, la figura de
Carlos M. Castañeda surgirá como una de las más importantes de la época.
Castañeda llega a Puerto Rico en 1970 y rápidamente comprende cómo hacer para que la nueva población urbana de la isla
se incorpore como lectora a su nuevo diario generalista. Castañeda agilizó la presentación, multiplicó las imágenes y fotografías,
creó secciones culturales, femeninas y para el hogar que encontraron rápido eco entre los lectores. Los provocaba estableciendo
un diálogo permanente con ellos y ampliando los debates políticos y sociales del país al abrir las páginas del diario a jóvenes
escritores y nuevos comentaristas que crearon opinión y debate.
Gracias, en gran parte, al trabajo e imaginación de este periodista hasta la médula, los diarios puertorriqueños reaccionaron
entonces al reto de las nuevas transformaciones audiovisuales logrando mantener hasta hoy día una inaudita posición privilegiada
de circulación en el país.
Así, la importancia de Castañeda no ha sido plenamente elucidada ni reconocida todavía. El libro “Ser periodista.
La vida y legado de Carlos M. Castañeda”, es un primer paso en ese sentido y contribuirá al mejor conocimiento de
ese gran periodista que fue. "Ser periodista" es, también, un libro indispensable para todo aquel que ejerza como
periodista o sencillamente guste del buen periodismo.
El libro se compone de nueve secciones. Su lógica es la de un homenaje impreso, acompañado de fotos, que permite desarrollar
una perspectiva múltiple del fundador de este diario. Cada día, todo lector, sin caer en cuenta, lee y conoce un poco mejor
a su director de diario. Raras veces dan éstos a conocer su firma o revelan sus rasgos en alguna foto. Su presencia, sin embargo,
se hace sentir. Imponen su estilo en el diseño general, en la primera plana, por medio de los titulares, en la selección y
jerarquización de noticias y el criterio noticioso, en los reportajes, en la división por secciones, en la diagramación de
las páginas, en la selección de la tipografía y de las fotos, en el uso del lenguaje de su diario; en fín, en su orientación
entera.
Las páginas de este libro nos demuestran cómo Castañeda hizo sentir ese estilo propio en El Nuevo Día. Los comentarios
y testimonios de colegas y colaboradores nos proporcionan una perspectiva de esa dimensión. Así, entre otros, Luís Alberto
Ferré, el actual director del diario y José Luís Díaz de Villegas, por largos años su director artístico, recuerdan sus años
de trabajo con él.
Todo buen director de diario ayuda a formar periodistas, los adentra en el oficio o, por intuición, los empuja a entrar
en él, transformándoles la vida, revelándoles una vocación y un talento que no sospechaban. Así, se incluye en este libro
un sentido testimonio de Edgardo Rodríguez Juliá en el que narra cómo Castañeda, invitándolo a colaborar, lo ayudó a transformarse
en el gran escritor y cronista que es hoy. Igualmente, Carmen Dolores Hernández recuerda cómo su carrera de profesora de
literatura universitaria pasó a segundo plano cuando conoció a Castañeda y se descubrió periodista y crítica literaria. Y
Rafael Vega Curry, editor de revistas dominicales del diario, evoca el entrenamiento que recibió de joven, con una suerte
de cariño severo, de manos de Castañeda.
Carlos Castañeda era, sobre todo, un gran conversador. Y aunque lo más importante para él era, como siempre decía refiriéndose
a la tarea cotidiana de hacer un diario, vestir el muñeco, también lo eran las numerosas conversaciones que lo llevaban a
lograrlo. En 2002, Carlos se nos fue dejándonos con palabras en la boca, con tantas charlas pendientes que, de no ser por
este libro, se hubieran quedado dispersas en el aire, olvidándose.
EL CANON DE LA COMUNICACIÓN
Por Mario Alegre Barrios
Crónica publicada en la sección de Cultura de El Nuevo Día,
San Juan, Puerto Rico - Lunes 20 Noviembre 2006.
Carlos M. Castañeda: su legado como comunicador tiene ahora casa de tinta y papel en el libro "Ser periodista",
que será presentado mañana en la Universidad del Sagrado Corazón.
En el fondo todos los oficios se parecen: para honrarlos a cabalidad es necesario ejercerlos con pasión, integridad, sabiduría
y un profundo sentimiento de justicia.
De alguna manera ése fue el credo de Carlos M. Castañeda, el periodista cubano que creo El Nuevo Día y lo dirigió durante
dos décadas como parte de una ejemplar trayectoria que ahora tiene una suerte de bitácora en el libro Ser periodista, publicado
por la Fundación que lleva su nombre y que será presentado mañana martes -a partir de las 6:30 de la tarde- en la Sala de
Facultad del Edificio Barat, en la Universidad del Sagrado Corazón. El ritual estará a cargo de Luis Alberto Ferré, director
de El Nuevo Día.
El libro -editado por Luis A. Villares- será presentado por Luis Alberto Ferré Rangel, director de El Nuevo Día
El libro ha sido editado por Luis A. Villares con la colaboración de la Junta Editorial de la Fundación que incluye a
Lillian Castañeda -la viuda del periodista fallecido el 10 de octubre de 2002 mientras se encontraba en Portugal-, Millie,
Aileen, Eddy y Tanya -sus hijos- y Gloria Leal, quien por muchos años fuese la directora de la revista Por Dentro de este
diario. El diseño es obra de José Luis Díaz de Villegas Freyre y Aileen Castañeda, con el prólogo del propio Luis Alberto
Ferré Rangel.
Todo lo que se recaude por la venta del libro será para nutrir el Fondo de Becas de la Fundación Carlos M. Castañeda.
Recientemente, en una entrevista con este diario, la viuda de Castañeda reveló que la génesis de este libro tuvo en su
fenecido esposo sólo la intención. "Carlos siempre dijo que algún día ordenaría sus cosas para publicar un libro, pero
nunca lo hizo", explicó Lillian. "Decía que tenía que ser algo bueno, pero el tiempo no le alcanzó para eso. La
iniciativa de este libro nació de nosotros, de nuestros hijos, de algunos amigos y de mí, como un tributo a su legado y al
amor inmenso con el que vivió el periodismo".
Lillian recordó que durante dos años lloró a su esposo, un tanto distanciada de la realidad, hasta que comprendió que
"ya era momento de dejar de llorar su muerte y sí de celebrar su vida"."Entonces conversé con mis hijos para
ver qué íbamos a hacer para eso. Todos coincidimos en que la gran pasión que lo movía en la vida, además de Dios, la patria
y su familia, fue sin duda alguna el periodismo y la educación", apuntó. "Carlos no creía mucho en los premios,
pero sí mucho en la educación; tanto, que calladamente, sin que nadie lo supiera, de su propio bolsillo pagó los estudios
de muchos niños y jóvenes. Decidimos que la mejor manera de honrar su memoria era a través de una fundación que tuviera como
objetivos fundamentales la educación y promover un periodismo de excelencia mediante la otorgación de becas para estudios
en periodismo y la publicación de textos destinados a difundir los conceptos con los que Castañeda vivió el oficio".
Ser periodista tiene tres espacios focales: el primero constituido por un compendio de las conferencias y charlas más
trascendentales que ofreció a lo largo de su carrera; el segundo anclado a los textos que publicó en El Nuevo Día y, el tercero,
a la manera como lo percibieron algunos de sus colegas que compartieron con él en tiempo y espacio, como los de la llamada
"Guerrilla del gato".
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